En 1835 llegaron los primeros colonos europeos a Melbourne, un año después de que John Batman, según se dice, escribiera en su diario que las tierras a orillas del Río Yarra “serán el lugar para una ciudad”, un panorama que dió como resultado que dichas tierras fueran compradas a la tribu Doutgalla.
Este asentamiento, que en ese entonces era parte de Nueva Gales del Sur, no fue conocido como Melbourne sino hasta dos años más tarde, una vez que había adoptado un diseño simétrico y rectangular, y cuando se le dió ese nombre por el Primer Ministro Británico Lord Melbourne.
Victoria se separó de Nueva Gales del Sur en 1851 -año que coincidió con el descubrimiento de oro en ambas colonias- y se convirtió en una colonia separada con Melbourne como su nueva capital.
Este descubrimiento originó que gente de todo el mundo en busca de fortuna acudiera a Melbourne, trayendo con ellos todas sus habilidades. Una década más tarde, la capital estatal no era sólo una ciudad en crecimiento, sino que además era la ciudad más grande de Australia.
Melbourne continuó floreciendo con su nueva riqueza, ganándose el nombre de “Maravillosa Melbourne” por su arquitectura y sus parques, pero una crisis económica hizo que este desarrollo se viera interrumpido a finales del Siglo XIX, aunque sólo temporalmente.
El día 11 de noviembre está registrado en la historia de la ciudad porque fue cuando el bandido australiano Ned Kelly fue colgado en la Cárcel de Melbourne, donde se encontraban los prisioneros más peligrosos del estado.
Melbourne se ha mantenido como la más europea de todas las ciudades australianas y es también la segunda ciudad más grande del país después de Sydney. Su carácter y diseño también se han visto influenciados por la inmigración desde Grecia, Líbano y Vietnam a partir de la Segunda Guerra Mundial.
La ciudad ha vivido otro período de reurbanización en los últimos años.