Jannie de Beer llegó a la RWC de 1999 como suplente para Sudáfrica, pero la lesión del titular Henry Honiball le iba a dar la posibilidad de lucir la camiseta N° 10 y, finalmente, conseguir su lugar en la historia.
De Beer, quién entonces tenía 28 años y había debutado con los Springboks ante los British & Irish Lions en Johannesburgo el 5 de julio de 1997, anotó 42 puntos con su infalible botín derecho contribuyendo al paso de su equipo hacia los cuartos de final.
Sin embargo, fue en el encuentro en los cuartos de final ante Inglaterra el 24 de octubre, cuando el nombre Jannie de Beer quedó registrado en el libro de récords y no solo porque sus 32 puntos fueran un récord para los Springboks.
Aquel partido había empezado bien para los defensores del título, que llegaron al entretiempo con una ventaja por 16 a 12; pero Inglaterra y la multitud del Stade de France de París solo pudieron atenerse a mirar con asombro cómo de Beer tomó el control del partido en un cautivante período de 30 minutos.
Como si hubiera estado bajo un hechizo mágico, de Beer –quién ya era conocido para los ingleses por haber jugado con el London Scottish- estableció un récord mundial metiendo 5 drops, que desmoralizaron al equipo inglés y contribuyeron a la victoria sudafricana por 44 a 21.
Además el récord no era casualidad. El entrenador de Sudáfrica había identificado al drop como una efectiva herramienta de ataque ante los ingleses, cuya falta de ritmo en los forwards implicaba que posiblemente no iban a poder tapar las patadas.
El plan, sin embargo, también se basaba en el inspirado botín de de Beer desde el suelo, ya que el apertura había convertido todas sus patadas a los palos.
A pesar de este récord y de su heroica y sobresaliente actuación, de Beer jugó solo un encuentro más con los colores de los Springboks. Su último partido con la selección sudafricana fue en la derrota en tiempo suplementario por 27 a 21 en la semifinal ante Australia.