Francia llegó a la RWC de 1999 con un récord nada admirable. A pesar de los Gran Slams consecutivos, los franceses habían perdido seis de sus siete partidos anteriores y habían recibido la cuchara de madera del torneo Cinco Naciones.
Sin embargo todo esto iba a ser olvidado muy pronto, ya que el 21 de octubre en Twickenham, Francia tuvo uno de los triunfos más grandioso de todos los tiempos en su semifinal ante Nueva Zelanda y repitiendo la final de la RWC inaugural de 1987.
Nueva Zelanda parecía estar camino a su tercera final en una RWC ya que, con dos tries del wing Jonah Lomu y la sólida patada del apertura Andrew Mehrtens, habían conseguido una victoria por 24 a 10 a principios del segundo tiempo.
Pero Francia, lejos de sentirse intimidado, siguió luchando y en un demoledor período de 13 minutos anotó 26 puntos, de los cuales la mitad estuvieron a cargo del apertura Christophe Lamaison.
El wing Christophe Dominici anotó un grandioso try para el conjunto francés antes de que Lamaison, quién había marcado y convertido el primer try de su equipo en el primer tiempo, diera una patada perfecta que atravesó el campo dejándole la pelota servida a Richard Dourthe para apoyar.
Lamaison luego sacó provecho de otro ataque fallido de los All Blacks pateando la pelota hacia adelante y el wing Philippe Bernat-Salles, que fue más rápido que Jeff Wilson en la corrida hacia la pelota, apoyó el cuarto try del equipo francés.
Con la siguiente conversión, Lamaison llevó su cuenta personal a 28 puntos en el encuentro de Twickenham y Francia sumó 33 puntos sin respuesta de sus adversarios.
Nueva Zelanda tuvo su última palabra con un try de Wilson, pero para ese momento Francia ya había dejado atónitos a los espectadores, y a los All Blacks, en lo que fue un actuación típicamente oportunista y llena de pasión. El resultado de 43 a 32 todavía está grabado en la memoria de todos.