Escocia se ha beneficiado enormemente a lo largo de los años de sus lazos con Nueva Zelanda, compartiendo una ética de rugby y una cantidad de “kiwis con kilt” (neocelandeses de pollera escocesa) que vinieron al Norte en busca de fama, fortuna y rugby internacional. La realidad es que los simpatizantes escoceses preferirían que los lazos de su equipo en RWC con Nueva Zelanda fueran menos tangibles.
Hubo cuatro RWC a la fecha y en cada una, Escocia finalizó su participación enfrentando, y perdiendo, contra los All Blacks.
La RWC 2003 promete cambiar esta norma, ya que ambos equipos no se encontrarían sino en la final, algo que hasta el más optimista escocés, siendo lo menos objetivo posible sabe que es muy difícil de predestinar.
"No nos tocó el peor grupo,” admite el entrenador Ian McGeechan al comentar sobre el grupo B que comparten con Francia, Fiji, Japón y Estados Unidos. Estos últimos dos no están en el nivel para inquietar a las potencias, aún cuando Estados Unidos tuvo el honor de ser el único equipo en marcarle un try al Australia campeón del mundo en el ’99.
Con Francia será un termómetro
El partido del 25 de octubre contra los franceses de Laporte parece ser crucial para las expectativas escocesas de buscar un camino hacia la semifinal.
Escocia no comenzó bien la recta hacia RWC ’03, con su capitán Budge Pountney renunciando al equipo en el medio de acusaciones de falta de profesionalismo, aunque el manager Dougie Morgan parece estar determinado a que se hagan todos los esfuerzos para que no haya quejas.
Escocia pasó diez días de julio en Polonia ingresando a una cámara de crioterapia; para estar en la otra punta del termómetro, Morgan consiguió que se ponga una máquina de remo y una cinta para correr dentro del invernadero de los jardines botánicos de Edimburgo, en un esfuerzo por reproducir la humedad que habrá en Townsville en octubre.
Un nuevo estilo
Si bien la preparación es importante, no permite ganar partidos por sí solo. Los entrenadores escoceses comenzaron en silencio una revolución que los dejó a segundos de ganar por primera vez un test en Sudáfrica, con un nuevo estilo abierto de rugby.
Por ello, Fiji podría recibir una dosis de su propia medicina en octubre, aunque Andy Irvine, el mejor jugador escocés de la historia según votación popular, crea que esto representa una “potencial cáscara de banana.”
Irvine, reconocido por sus contraataques, quedó sorprendido por el nuevo estilo adoptado por Escocia. “Quedé impresionado con la forma en que manejaron el balón (frente a Sudáfrica) sobre todo después de ser tan lentos en el Seis Naciones. Escocia jugó un rugby decente y sus tries vinieron de buenas acciones.”
Tres nombres de la zona
Los escoceses llegarán a Australia con un especial conocimiento del país, ya que en el plantel hay tres nacidos y criados allí. Nathan "Wagga" Hines, la “sorpresa” de la gira según Irvine, nació en Wagga Wagga. Su ingreso al quince titular hubiera sido más veloz de no ser por una lesión , de hecho, sufrió otra en su hombro en el tour por Sudáfrica. Su nivel sugiere que será el primer nombre a la hora de elegir los quince titulares; su tamaño es importante en lo que es en promedio un pack liviano.
Andy Mower, de Sídney, ha sido el suplente del ex capitán Budge Pountney, aunque como el jugador de los Saints, es propenso a darle al pateador rival muchas chances con sus penales.
Finalmente, Ben Hinshelwood convenció a todos el año pasado, su primer temporada internacional. Una pierna fracturada frenó su preparación en el año del Mundial. Aún así, el hijo del ex wing escocés Sandy Hinshelwood ofrece la versatilidad que requiere un plantel de 22 jugadores, así no sea entrando entre los 15 titulares.
Grietas a solucionar
Igualmente, el conocimiento local no sirve para enmascarar las deficiencias del plantel escocés. Los backs no tienen velocidad y a menos que Gregor Townsend vuelva a ser el de hace unos años, les falta instinto de ataque.
La última palabra le corresponde al legendario Irvine, quien como tantos otros grandes del rugby viajará a Australia en octubre. “Necesitamos ser más duros. Creo que falta fortaleza mental, tal vez porque no estamos muy acostumbrados a ganar. Creo que el equipo tendrá un buen Mundial, pero todavía no me convenzo de que podemos competir con las potencias.”
Resumido de la sexta edición de la revista IRB World of Rugby.