En la etapa final de la preparación para la RWC 2003, el equipo rumano ha sido azotado por un inesperado y preocupante fenómeno: varios de los jugadores de mayor experiencia han anunciado pública o privadamente que no estarán disponibles para ser elegidos. Los casos más notables son los ex capitanes Alin Petrache, Petre Mitu y Alexandru Manta.
Sus decisiones tuvieron distintas motivaciones, pero son indicativas del estado mental de algunos jugadores rumanos, quienes parecen haber perdido el fuerte deseo de representar a su país, algo que solía ser la gran motivación detrás del formidable espíritu rumano.
Selección o club
La prensa francesa sugiere que los jugadores se han encontrando bajo una intolerable presión de los dueños de los clubes en los que juegan, forzándolos a renunciar a la programación de la RWC, que los separará de su club por más de tres meses este año.
Esta historia fue corroborada por el segunda línea Sorin Socol, ex jugador del Brive, quien dijo que había decidido cambiar de club en vez de no ir a la RWC, algo parecido a lo vivido por el tercera línea Florin Corodeanu, quién debió aceptar una importante reducción en su salario durante la preparación y mientras dure la RWC.
Recreando el pasado
La etapa final en la preparación para la RWC comenzó con un trekking de una semana por los Pirineos, muy importante para unir al grupo, seguido de partidos de preparación contra clubes en el sudoeste de Francia. Los internacionales contra Francia y Gales concluyeron la preparación, que tuvo como frase inspiradora “recreando el pasado.”
Durante las décadas del ’60 y ’70 y sobre el final de la del ’80 cuando el rugby de Rumania parecía tener un importante respeto, la defensa era una de las principales armas en su limitado juego – si no era el factor más importante.
Los franceses se quejaban de que “los osos de los Cárpatos arruinaban el juego vistoso de Francia” cuando los rumanos tackleaban todo lo que se movía. Pero esos días han desaparecido; la llegada del profesionalismo le quitó al rugby rumano esa diferencia física, aunque paradójicamente, varios jueguen en la Primera y Segunda División del rugby francés.
Un cambio positivo
Bajo Charreyre, los rumanos han podido recomponerse después del “annus horribilis” que fue el 2001. Han reducido las diferencias con los equipos del Seis Naciones a la mitad y progresado, aunque los cínicos sigan cuestionándolos.
Unas seis semanas antes del comienzo del torneo, los partidos frente a Francia y Gales en particular, mostraron una defensa con huecos, siendo el centro de la cancha particularmente vulnerable.
Aún así, Charreyre, es filosófico. “Aunque doloroso, era algo que esperábamos. No jugamos con nuestro equipo completo en ninguno de estos dos partidos, ya que se jugaron con cinco días entre sí y el equipo no tiene el potencial físico para soportar ese ritmo. Tampoco tiene los jugadores para hacerlo”.
“Fue un hecho que a los 15 minutos del partido con Gales ya estábamos con problemas, y una vez que nos caímos físicamente, nos caímos también mentalmente. No podemos permitir que esto nos golpee. Hay suficiente tiempo y debemos estar listos para mediados de septiembre.”
Hay que ponerse al día
Otra área de preocupación es la vieja mentalidad de confrontación que ya tiene 20 años y la total inconsistencia y falta de previsibilidad del rugby rumano. Si bien esto Charreyre también lo ve como un posible hecho positivo, reconoce el peligro inherente.
“¿Cómo queremos ganar partidos si ignoramos el juego colectivo y mostramos tal falta de disciplina táctica? Este rugby que jugamos puede ser desastroso, a menos que empecemos a jugar como un equipo, seguramente no ganemos partidos.”
Esto fue dicho después de perder partidos, pero también lo dijo tras vencer a España, Rusia y la República Checa: algo es claro, los rumanos tienen un conductor inflexible.
*Marian-Valentin Burlacu escribe sobre rugby en Bucarest. Ion Popescu es el corresponsal del Este Europeo de World of Rugby.
Resumido de la sexta edición de la revista IRB World of Rugby.